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Una
de las características de la crisis social que atraviesa
nuestro país es la marcada desigualdad en la distribución
de los ingresos. En Argentina, cada integrante del 10% más
rico gana 32,8 veces más que una persona del 10% más
pobre.
Esta
realidad se ve también reflejada en la vida de la Iglesia.
En este ejemplo tomado de una diócesis, representativa de
la realidad de tantas otras, observamos que cinco parroquias
se llevan casi la mitad del ingreso total de las 31
parroquias, mientras que otras cinco apenas reciben una
ínfima parte.
El
gráfico se convierte en un llamado a la reflexión sobre un
sentido más profundo del espíritu de comunión de
bienes que debe animar a nuestra Iglesia. Normalmente las
iniciativas solidarias de las parroquias se limitan a la
asistencia de los necesitados del barrio, olvidando muchas
veces que otras comunidades cercanas ni siquiera pueden
hacerlo por falta de recursos.
La
solidaridad entre parroquias -y entre diócesis- debe ser
también un modo de expresar esta vocación a la comunión.
En algunas diócesis ya se han desarrollado distintos
mecanismos solidarios a fin de asistir a las parroquias más
necesitadas. Pero es necesario crecer más en el espíritu
solidario para poder dar respuesta a esta realidad.
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