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Es muy interesante y revelador poder ver en conjunto de
dónde proceden porcentualmente los ingresos de las
parroquias y en qué se utilizan.
Se ve con claridad que los principales ingresos provienen de
las colectas en misas, y vale la pena recordar que a las
mismas asisten un 6% de los católicos, aportando un promedio
de $ 1,20 mensual por persona. Por tal motivo, los ingresos
deben ser reforzados por otros mecanismos tales como las
contribuciones familiares y los eventos.
A diferencia de lo que la mayoría de las personas cree, las
parroquias y curias diocesanas, tienen gastos que deben
asumir con los escasos recursos con que cuentan. La Iglesia
católica sólo está eximida de pagar algunos impuestos y
tasas municipales, pero debe cumplir como cualquier
ciudadano con los aportes para la seguridad social de su
personal y pagar los servicios. También debe atender otros
gastos comunes, como los de cualquier casa de familia.
Notemos que una parte importante de los egresos están
destinados a cubrir estas obligaciones.
Otro fuente de gastos importantes está relacionada con el
mantenimiento de los edificios parroquiales. Suelen ser
edificaciones con muchos años que necesitan constante
atención, a lo que se suma la refacción o la construcción de
nuevas dependencias para adecuarlas a nuevas necesidades
pastorales.
Para muchas parroquias de nuestro país, los gastos por
movilidad llegan a ser significativos. Esto es porque las
parroquias pueden llegar a tener varias capillas -a veces
muy alejadas de la sede parroquial- y los sacerdotes deben
recorrer muchos kilómetros para poder atenderlas, con los
consiguientes costos de combustible y mantenimiento de
vehículos.
Comparando los dos gráficos se comprende que casi todos los
ingresos se destinan al mantenimiento de la estructura y de
las actividades propias de la comunidad. La gran mayoría de
las parroquias apenas está al día y un número importante de
ellas están en situación deficitaria. Esta situación impide
proyectar a futuro y limita enormemente los emprendimientos
pastorales.
Restan hacer dos aclaraciones a título informativo:
Las colectas imperadas son aquellas cuya recaudación se
destina a ayudar a otras comunidades o instituciones.
Cáritas y Más por Menos, son ejemplos de colectas
nacionales. Hay también imperadas diocesanas (que pueden
destinarse, por ejemplo, al mantenimiento del Seminario
local) e imperadas universales (que se realizan en todo el
mundo) como las colectas por las Misiones o por la Iglesia
Universal (ex óbolo de San Pedro, para la Santa Sede).
El rubro "Aportes al Obispado" se refiere a las
contribuciones que las parroquias realizan para poder
mantener los distintos servicios diocesanos, que son
prestados desde la curia y otros organismos (administración,
formación de catequistas, ministros y sacerdotes, casas de
retiros espirituales, obras de caridad, etc).
Sin el aporte de las parroquias el obispado no tendría
ingresos para afrontar estos gastos, ni para ayudar a
otras comunidades. Podemos imaginar los problemas que se
generan cuando las parroquias están empobrecidas y no pueden
efectuar este aporte.
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