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Ante
todo, debe entenderse que estos números tienen valor
indicativo, porque se trata de promedios por
asistentes a misa. Esto significa que hay quienes
aportan más, y hay quienes aportan menos o no lo
hacen.
También
hay que tener en cuenta que la medida del aporte es relativa
al nivel de ingresos. Es decir que no necesariamente quien
hace el mayor aporte en valores absolutos es quien está
haciendo el mayor esfuerzo para contribuir al sostenimiento
de la evangelización. Un ejemplo claro lo encontramos en el
Evangelio, cuando Jesús elogia la actitud de una viuda que
ofrendó dos monedas, no "de lo que le sobraba"
sino de "lo que tenía para vivir" (Lc 21, 1-4).
En
concreto, si se cruzan los datos del gráfico con el nivel
de ingreso económico de la población de cada diócesis, se
constata que-proporcionalmente- las personas más generosas son las
que proceden de regiones con menores ingresos (aportan menos
en números absolutos, pero aportan más en relación a sus
ingresos).
No
obstante, los aportes son objetivamente muy bajos en todos
los segmentos: $ 1,20 es un monto inferior, por ejemplo, al
de un kilo de pan (por mes). Y, asumiendo que la asistencia
a misa es semanal, esta cifra representa un aporte de $ 0,28
por persona por misa, lo cual confirma la tradición
cultural -conocida por todos- de aportar sólo algunas monedas en las colectas.
Estos números,
más la experiencia de campo del Plan Compartir, nos
permiten plantear, sin temor a equivocarnos, el gran
desconocimiento por parte de los fieles acerca de cuál es
el sentido profundo de las ofrendas en la celebración
Eucarística.
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