Pastoral y economía (1)

     

Estas páginas dedicadas al sostenimiento de la obra evangelizadora de la Iglesia dejan ver con claridad que el tema es amplio y complejo.

La Iglesia en la Argentina, comprometida desde hace años con la nueva evangelización, se siente llamada y urgida a incrementar y renovar su tarea evangelizadora y de promoción humana; sin lugar a dudas, para ello debe aumentar los recursos humanos y económicos con los que cuenta.

  Por eso, la renovación eclesial y pastoral emprendida, supone integrar la cuestión económica a la misma pastoral. Hace ya tiempo que comenzamos a trabajar esta cuestión. Se han dado muchos pasos, pero los frutos parecen todavía escasos.

Hacia el futuro, será necesario y de mucho provecho seguir buscando la relación que tiene la PASTORAL con la ECONOMÍA, en la marcha de una acción evangelizadora orgánica e integral. Ello supone un discernimiento compartido y una renovación progresiva en el modo de procurar, administrar, distribuir, y evaluar los recursos humanos y materiales, según la identidad y misión pastoral de la Iglesia, a la luz del Evangelio y la enseñaza de la misma Iglesia.

En este lento aprendizaje constatamos que el punto de partida y el fundamento principal de la reforma económica integrada a la pastoral es la COMUNIÓN, porque la Iglesia es comunión, como participación de la comunión trinitaria, y su misión es hacer crecer esa comunión en el mundo.  Siendo por lo tanto Comunión, la Iglesia SE EDIFICA Y SE SOSTIENE viviendo “en comunión”, creciendo en participación y común responsabilidad de todos sus miembros, que con su aporte generoso en tiempos, talentos y dinero, colaboran en la misión apostólica y el proyecto misionero del Señor.

De allí derivan algunas CARACTERÍSTICAS fundamentales para esta reforma económica:

  La COMUNIÓN de tiempos, talentos y dinero, sigue a la CONVERSIÓN, y ésta a la EVANGELIZACIÓN. No podemos añorar una Iglesia repleta de recursos humanos y materiales “auténticos”, si no se incrementa la tarea evangelizadora, si la predicación, la catequesis, el testimonio y la celebración de los misterios no fructifican en una mayor santidad, compromiso misionero y presencia del Reino en el mundo. Por ello mismo, to­das las tareas pastorales, obras o servicios están comprometidos en la reforma econó­mica insertada en la pastoral orgánica.

  Todas las personas y comunidades están involucradas y tienen alguna responsabilidad compartida en la reforma económica, al servicio de la evangeli­zación. Todos somos CORRESPONSABLES de que la Iglesia crezca en comunión, y se sostenga a sí misma, compartiendo la multiforme gracia de Dios.

  La reforma económica debe ser entonces un PROYECTO eclesial, que involucra a todos y que la misma Iglesia en cada lugar ha de diseñar y conducir; como parte sustancial y necesaria de su renovación pastoral.

  Ello supone entonces una adecuada PLANIFICACIÓN, progresivamente completa, y asumida en la marcha pastoral de cada diócesis; como también acciones y servicios, desde la Conferencia Episcopal.

  Esta planificación ha de ser diseñada, conducida y evaluada por los PROTAGONISTAS de la acción evangelizadora de la Iglesia, como tarea de común e integrada responsabilidad. De aquí la importancia de la diócesis y de sus organismos (Consejos presbiteral, de pastoral y de asuntos económicos; como otros que reciben di­ferentes nombres); y de la parroquia, como centro completo de vida cristiana y acción pastoral, integrado en la Iglesia particular.

   La LENTITUD de la marcha no debe juzgarse sólo como una “dificultad”, sino también como una “condición” necesaria del proceso. Se trata de cambiar toda una mentalidad en el pueblo y en los pastores. La reforma económica requiere tiempo, pasos, paciencia. Sólo una actividad sistemática, perseverante, coherente y orgánica, transparente, etc, puede  ir dando paso a paso los frutos esperados.

El camino tiene sus pruebas, pero estamos convencidos que de una manera u otra, con mayor o menor conciencia, todos queremos esta reforma porque todos deseamos una renovada evangelización que incluya la comunión, la justicia, la paz y la solidaridad, que la misión eclesial anuncia, y que necesita testimoniar. 

+ José María Arancibia

 


[1] Cf. José María Arancibia, Pastoral y Economía, 8º Encuentro Nacional de Ecónomos diocesanos, Buenos Aires, agosto 2004; El Plan Compartir de la Conferencia Episcopal Argentina. La Iglesia-Comunión, se edifica y sostiene compartiendo la multiforme gracia de Dios, CELAM, IIº Encuentro-Taller sobre “Autofinanciación de la Iglesia”, Guayaquil, junio 2005.

 


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