Todas
las instituciones inscriptas en la Secretaría de Culto están
exentas de la mayoría de los impuestos (inmobiliario, IVA
-sólo para las actividades relacionadas con el culto-,
ganancias, etc.), al igual que ciertas fundaciones y asociaciones
civiles. Por estos motivos, la Iglesia Católica está incluida
entre las instituciones que no pagan impuestos.
En
esta regla hay excepciones, porque en algunas zonas existen
impuestos locales que la Iglesia debe pagar.
Para
el caso de los servicios en general, la situación es distinta,
porque la Iglesia paga la luz, el gas, el teléfono, etc.
Excepcionalmente, en algunas zonas puede existir algún convenio con
alguna empresa privada de servicios, pero son pocos y se refieren
más a bonificaciones que a excepciones.
Estos
gastos son afrontados con los ingresos ordinarios de cada
institución diocesana, del mismo modo que en una familia con hijos
casados, cada uno afronta los gastos de la casa donde vive. Así
cada parroquia debe pagar, por ejemplo, la luz que utiliza en cada
misa, en cada casamiento, o en cada reunión de catequesis; y lo
mismo sucede con cada colegio católico, cada casa de retiros o cada
obispado.
El
porcentaje de gastos en relación a los ingresos resulta muy
variable de acuerdo a la capacidad económica de la parroquia (u
obispado) y a la realidad de la región. Pero hay constantes: los
gastos de teléfono de una parroquia rural suelen ser
proporcionalmente más altos que los de una parroquia urbana porque
utilizan con frecuencia el servicio de larga distancia. Y en algunos
casos, estos costos pueden llegar a ser dramáticos, como el gas que
se utiliza para calefacción en el frío sur argentino, y donde las
comunidades suelen tener menores ingresos.
A
lo largo de estos siete años de trabajo de campo hemos comprobado
un enorme desconocimiento de los fieles católicos respecto a esta
realidad, no sólo de quienes asisten a misa, sino también de
personas mucho más involucradas con la vida parroquial. Y las
distintas encuestas confirman que en general, la mayoría supone que
la Iglesia no paga ni impuestos ni servicios.
Tenemos
por delante todo un desafío pastoral, en los cuales hay que
trabajar mucho en materia de comunicación, transparencia,
catequesis, participación y solidaridad.
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Como
todas las instituciones inscriptas en la Secretaría de
Culto, la actividad de la Iglesia Católica está exenta de
impuestos. Por otra parte, debe pagar -como todos- los
servicios públicos (luz, teléfono, etc) |