La existencia de un
“presupuesto de culto” exclusivo para la Iglesia Católica tiene una
explicación histórica: la Iglesia Católica no sólo sufrió la
confiscación de bienes y la privación de sus ingresos por parte del
Estado -a comienzos del siglo XIX-, sino que también tuvo un papel propio y
singular, tanto en los antecedentes de la época colonial, como en
el nacimiento y desarrollo de la nueva Nación.
De
todos modos, tampoco es exacto decir que sólo la Iglesia Católica
recibe ayuda económica del Estado, por varios motivos:
1.
En primer lugar, el “presupuesto de culto” aportado por el
Estado, como hemos explicado, sólo cubre una mínima parte de los gastos de la
Iglesia.
2.
En segundo lugar, el aporte más significativo que la Iglesia recibe
no son las magras asignaciones que cobra, sino las exenciones
impositivas que la benefician, tanto a sus actividades como a su
patrimonio. Y esas exenciones benefician en forma absolutamente
igualitaria a todas las confesiones religiosas.
3.
En tercer lugar, hay aportes que se relacionan con actividades o
servicios que prestan a la sociedad las iglesias y confesiones
religiosas, que también
benefician a todas en forma proporcionalmente igualitaria.
Tal es el caso, por ejemplo, de los aportes estatales a los colegios
privados (confesionales y no confesionales), que no forman parte del presupuesto de
culto sino que son
apoyo obligado a la educación de gestión privada.
(Para
mayor información sobre este último punto en particular, ver más
abajo, en la página ¿Y los Colegios?).
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La
Iglesia Católica tuvo un papel propio y
singular, tanto en los antecedentes de la época colonial, como en
el nacimiento y desarrollo de la nueva Nación. |