Algunas consecuencias

     

Es evidente que entre los fieles no hay suficiente conciencia respecto a la necesidad e importancia de contribuir al sostenimiento de la Iglesia de la que somos parte. 

Esta situación, que afecta notablemente la vida y el desarrollo de los planes pastorales, se manifiesta en:

  Poca cantidad de agentes de pastoral:

La Iglesia se sostiene con el esfuerzo de personas que brindan desinteresadamente su tiempo y sus talentos a la comunidad (jóvenes, catequistas, profesionales, coordinadores de grupos, personas de buena voluntad). Parecen muchas personas porque hacen mucho por su comunidad, pero proporcionalmente no son tantas.

A lo largo de estos años de trabajo con el Plan Compartir hemos cruzado información de unas 300 parroquias de una veintena de diócesis, comparando la cantidad de habitantes con las personas que asisten a misa y que participan en las actividades parroquiales. Los resultados muestran que, en promedio, los asistentes a misa representan sólo el 6% de los católicos que viven en el radio de una parroquia. Y que los agentes que colaboran activamente en la vida pastoral no llega al 2% de los católicos que viven en la zona.

Los porcentajes son objetivamente bajos.

   Poca colaboración económica:

El aporte de los fieles en general es pobre respecto de sus posibilidades. El precepto de contribuir al sostenimiento no es percibido de la misma manera que se percibe, por ejemplo, la obligación de asistir a las misas de precepto o confesarse una vez al año. Los fieles no han sido catequizados al respecto y no saben cómo proceder.

En las citadas 300 parroquias hemos comparado, también, la cantidad de asistentes a misa con los ingresos económicos de las colectas dominicales. Los resultados muestran que, en promedio, el aporte mensual de cada fiel en las misas es de $ 1,20, o más exactamente, $ 0,28 por misa.

Hay que poner este número en su lugar: es sólo un indicador, porque sabemos que no todos colaboran y que muchos aportan bastante más (proporcionalmente, por cada fiel que aporta un peso habría casi cuatro que no aportarían). El promedio es objetivamente bajo.

 Cuando presentamos este punto suelen surgir reparos, cosa que no sucede cuando presentamos la baja cantidad de agentes pastorales. Dichas observaciones se repiten con frecuencia, y las podemos resumir así:

- "Con la situación socioeconómica de la Argentina, a la gente no se le puede pedir más plata".  Cuando se analizan los datos de las 300 parroquias, se descubre que -generalmente- las comunidades con menores ingresos son proporcionalmente más generosas. Además, recordemos que la cuestión no se reduce a pedir plata, sino más bien, a crear mayor conciencia y fomentar la participación y la comunión.

- "Pedir mayor colaboración a la comunidad puede resultar injusto para aquellos que colaboran frecuente y generosamente". Es que precisamente, lo que se pretende es despertar la conciencia en quien no colabora o no lo hace con suficiente generosidad.

Partimos desde la base que todo lo que hoy puede hacer la Iglesia es posible porque muchas personas ofrendan su tiempo, su talento y su dinero. Debemos ser profundamente agradecidos con ellos. 

Pero a la vez, precisamente para ser justos, debemos tratar de aligerar su carga concientizando y comprometiendo a muchas más personas para que colaboren con las actividades pastorales y en el sostenimiento económico de la comunidad.

    


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