Las
causas de los mitos y equívocos en torno al tema del sostenimiento en la
Iglesia son múltiples. Vamos a detenernos en tres que nos parecen
importantes porque abarcan precisamente el campo de trabajo del Plan
Compartir. Estas tres causas, además de estar en la base de otros
equívocos, se implican mutuamente.
La
actitud de la Iglesia frente al tema
Por
diversos motivos -sobre todo culturales- nos cuesta bastante hablar
libremente acerca del tema del dinero. Es común, por ejemplo, que
en una familia sus integrantes no sepan cuánto gana un hermano, un
padre, o algún otro allegado. Esta realidad se ve reflejada
también en la Iglesia.
Además
-también culturalmente- hay un visible maniqueísmo (tajante
oposición entre "bueno" y "malo") que lleva a
disociar lo "material" de lo "espiritual" o lo
"pastoral" de lo "económico". En el ámbito
eclesial está como mal visto hablar de dinero, y mucho más que el
sacerdote -dedicado a las cuestiones espirituales- trate este tema
con sus fieles.
Esta
realidad genera situaciones contradictorias: como el sacerdote no
habla de dinero lo termina administrando él solo. Como del tema no
se habla, falta transparencia. Como en la Iglesia no se debe mezclar
estas cuestiones con la evangelización, no se catequiza a los
fieles.
Poca conciencia
En
parte como consecuencia de lo anterior, no se ha impulsado una
adecuada formación en los fieles. En general, no han sido
catequizados sobre el profundo sentido teológico del sostenimiento
como expresión visible de la comunión espiritual, y no terminan de
saber qué actitud tomar ni cómo comportarse frente a este tema.
La
poca formación va acompañada de poca información. Distintas
encuestas muestran que los fieles no tienen idea de cómo se
mantiene su parroquia, cuáles son sus necesidades, de dónde sale
el dinero y en qué se gasta. Y, peor, algunos ni siquiera se lo
preguntan, como si esa cuestión fuera un problema de otros (y no de
la Iglesia de la que forman parte).
Esta
realidad también genera situaciones contradictorias: en las
colectas los fieles aportan unas pocas monedas pero esperan que la
parroquia brinde muchos servicios gratuitos. Y son pocos los que
colaboran activamente con su trabajo, pero se espera que la comunidad
tenga más presencia y participación para responder a demandas de
los más necesitados.
Reticencia
de los fieles
La
Iglesia se sostiene con el aporte de sus fieles, no obstante, y sin
negar la generosidad de muchos, hay que reconocer que a la mayoría
nos cuesta ser desprendidos a la hora de colaborar.
Sobre
esto, la Carta Pastoral Compartir la Multiforme Gracia de Dios señala:
"De hecho, por varios equívocos, y en especial por una
deficiente catequesis en este punto, los fieles cristianos de la
Argentina son reticentes en el aporte pecuniario a la Iglesia"
(Nº16). Y varios de
los indicadores presentados en la sección "Estadísticas"
son claros al respecto.
Las
situaciones contradictorias que se generan son variadas y se
manifiestan en una actitud de esperar que la Iglesia cumpla sus
deberes (pastorales o sociales) sin tener presente los deberes que
los cristianos tenemos que asumir para que esto sea posible. Se
percibe también que muchos de los mitos mencionados en la página
anterior, a veces son simples argumentaciones precisamente para
legitimar esta actitud.