Pilares que lo sustentan

    

Compartir se sustenta principalmente en una espiritualidad de comunión que brota del Evangelio. Esta espiritualidad marca el estilo de trabajo, la estructura que lo impulsa y la manera que se sostiene.

Pilares sobre los que se afirma [1]:

Corresponsabilidad: Un corazón convertido al Evangelio se siente naturalmente corresponsable con la obra evangelizadora de su comunidad. Esto implica, a su vez, esforzarse para que más personas participen activamente y se sientan parte importante en esta obra.  

Solidaridad: Es el signo visible de que nuestro amor es efectivo y no meramente declamado. Un gran desafío es que la solidaridad se practique también entre comunidades. El espíritu de comunión de bienes tiene manifestarse en gestos solidarios intra e interparroquiales, y también intra e interdiocesanos.

Pobreza Evangélica: No es sólo austeridad, sino libertad espiritual en la posesión de los bienes materiales. Esa libertad que capacita para poseer con desprendimiento y dar con generosidad. Vivir el espíritu de pobreza implica también a administrar con sabiduría para aprovechar al máximo los bienes espirituales y materiales que se nos han confiado.

Eficacia: Consiste en buscar y aplicar los medios adecuados para alcanzar los fines. No basta con querer algo bueno, ni tampoco es suficiente hacer las cosas sobre la marcha. Se trata de buscar los medios adecuados, planificar con realismo, y llevar efectivamente a la práctica aquello que se pretende.  

Transparencia: La rendición de cuentas en las comunidades cristianas es un signo de credibilidad. Como parte del problema del sostenimiento se debe al desconocimiento de cómo la Iglesia maneja sus recursos, la transparencia es una importante herramienta para la formación de una nueva conciencia en el pueblo de Dios.

Ejemplaridad: Es el testimonio que damos a través de nuestras obras. El modo de relación de las personas en una comunidad y la manera en que ésta se relaciona y administra los bienes materiales constituyen una catequesis más elocuente que cualquier discurso.

Estos seis valores se implican mutuamente, y convergen en un ideal que les da sentido y fin:

Demos testimonio de Cristo, unidos en la Eucaristía y en la comunión de bienes.

   

O, expresado con las palabras del documento Navega Mar Adentro, la comunión de las personas y las comunidades se logra también mediante el espíritu y la práctica de poner en común los bienes, con nuevas estructuras de participación y solidaridad”.  (Nº 89)
 

 


[1] Carta pastoral “Compartir la Multiforme Gracia de Dios  Nº 29. Conferencia Episcopal Argentina, 1998.


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