Su espíritu

    

El espíritu que anima a Compartir tiene como modelo el espíritu de comunión fraterna que animó a las primeras comunidades cristianas (DA 369). Comunión real vivida en torno a la mesa Eucarística y expresada a través de gestos concretos.

El documento Navega Mar Adentro incluye entre los desafíos de la nueva evangelización “la necesidad de una mayor comunión”, afirmando que “es urgente reconocer y corregir todo lo que nos dificulta vivir el espíritu de comunión que propone el Evangelio” (Nº 46). Propone “hacer de la Iglesia casa y escuela de comunión”: “Esto significa, en concreto, recrear los espacios eclesiales habituales para hacerlos suficientemente acogedores y atrayentes...que todos se sientan llamados e impulsados a participar...(Nº 83).

Y Novo Millennio Ineunte, en este contexo, nos habla de promover un espiritualidad de la comunión para "ver ante todo lo que hay de positivo en el otro, para acogerlo y valorarlo como regalo de Dios: un « don para mí », además de ser un don para el hermano que lo ha recibido directamente. En fin, espiritualidad de la comunión es saber « dar espacio » al hermano, llevando mutuamente la carga de los otros... (NMI 43)

Fiel a este espíritu Compartir propone trabajar para revalorizar lo que a veces el ritmo cotidiano de las comunidades nos lleva a descuidar: el recibimiento cordial, el sentido de pertenencia, la participación, la corresponsabilidad, la espiritualidad de comunión.

En una sociedad en donde predominan las ansias del tener y del poder, profundizar y vivir este espíritu en nuestras comunidades se convertirá en  una respuesta válida, y será un testimonio contundente de cara a la nueva evangelización.

La conversión pastoral de nuestras comunidades exige que se pase de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera. Así será posible que “el único programa del Evangelio siga introduciéndose en la historia de cada comunidad eclesial” (NMI 12) con nuevo ardor misionero, haciendo que la Iglesia se manifieste como una madre que sale al encuentro, una casa acogedora, una escuela permanente de comunión misionera (DA 370).

 

   


 

La multitud de los creyentes tenía un sólo corazón y una sola alma. Nadie consideraba sus bienes como propios, sino que todo era común entre ellos. Hechos 4,32

 


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