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Entre el 27 de junio y el
1º de julio de 2007, se desarrolló en la Casa El Cenáculo – La
Montonera, en Pilar, Buenos Aires, el Taller sobre el
Autosostenimiento de la Obra Evangelizadora de la Iglesia para el
Cono Sur, junto con el 7º Encuentro Nacional de Equipos Diocesanos
Compartir.
El evento se gestó por
iniciativa del CELAM, quien viene impulsando este tipo de Talleres
en las Regiones Pastorales de Latinoamérica, y que en esta
oportunidad encomendó al Equipo Nacional Compartir la organización
de un encuentro en Buenos Aires, para las Iglesias de la Región
del Cono Sur.
En el Equipo pensamos que
sería muy positivo aprovechar la presencia de delegados de otros
países para favorecer el intercambio de experiencias con los
equipos diocesanos que trabajan en Argentina, de modo tal que a
partir del 29 de julio, como parte integrante del Taller del
CELAM, se sumaron las delegaciones diocesanas para llevar adelante
nuestro 7º Encuentro Nacional.
En ambos encuentros
llegaron a participar casi 120 personas (entre las cuales había 12
obispos, 17 sacerdotes y cinco religiosas), en representación de
las Iglesias de 12 países: Brasil, Chile, Ecuador, España, Estados
Unidos, Honduras, Paraguay, Perú, Puerto Rico, Uruguay, Venezuela
y Argentina.
La primera parte del
encuentro (el Taller para el Cono Sur) se desarrolló entre el 27 y
el 29 de junio, y participaron unas 50 personas.
Después de la apertura a
cargo de Mons. Cargnello (en representación del CELAM), y de Mons.
Arancibia (a cargo del Consejo de Asuntos Económicos del
episcopado argentino), el Padre Angel Ciappi, de Puerto Rico,
brindó una profunda reflexión sobre la espiritualidad de
corresponsabilidad que debe animar a los fieles en su compromiso
con la Iglesia.
El día 28 estuvo dedicado
principalmente al conocimiento e intercambio de experiencias de
trabajo de los distintos países. Por la mañana, el P. Juan José
Beltrán Yagüe de España nos contó cómo son los mecanismos y la
realidad del sostenimiento de la Iglesia en su país. Luego, Mons.
Fernando Chomalí, de Chile, nos expuso el amplio trabajo que se
viene llevando adelante en la Iglesia trasandina con el CALI
(Contribución a la Iglesia) para lograr el autofinanciamiento. Y,
finalmente, la Sra. Luz de las Mercedes Richards León y Mons.
Jaime Bravo Cisneros, compartieron un muy interesante programa,
denominado Santo Cura de Ars, cuya finalidad es asistir a los
sacerdotes mayores de edad en su país, Ecuador.
Por la tarde, la hermana
Angélica Da Silva, nos brindó detalles sobre el espíritu y la
práctica de la Pastoral del Diezmo que impulsa en su Diócesis del
Callao, Perú. El P. Angel Ciappi, nos contó la variedad de temas
que aborda la Vicaría de Desarrollo, de la cual es responsable, en
su Arquidióceis de San Juan de Puerto Rico. Y la Lic. Esperanza
Quesada y Mons. Juan José Pineda Fasquelle describieron cómo se
está desarrollando y consolidando el proyecto de autosostenimiento
CorresponsHabilidad, en su Arquidócesis de Tegucigalpa, Honduras.
En la mañana del viernes
29 realizamos un trabajo grupal con el objetivo de compartir
impresiones sobre las distintas experiencias presentadas, y
destacar las ideas más importantes a tener en cuenta para lograr
el Autosostenimiento de la Iglesia.
Ese día también quisimos
homenajear a nuestros invitados, por lo cual, nos trasladamos a
Luján para que pudieran conocer el Santuario de la Patrona de la
República Argentina. Allí compartimos la Eucaristía y pusimos a
los pies de Nuestra Madre nuestros esfuerzos por construir una
Iglesia más fraterna y participativa. El paseo nos llevó hasta
Carlos Kenn, un pueblo “de campo” cercano a Luján donde ofrecimos
un menú “argentino” a los visitantes de otras Iglesias.
De regreso a Pilar, al
caer la tarde, se sumaron nuevos participantes integrantes de los
equipos diocesanos de Argentina. Con su formal bienvenida, y las
presentaciones correspondientes, se inauguraba el ...
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7º Encuentro Nacional de Equipos Diocesanos Compartir |
Al Encuentro Nacional se
sumaron más de 60 participantes, con lo cual en esta oportunidad,
el total de diócesis argentinas representadas ascendió a 24: Alto
Valle, Bahía Blanca, Bariloche, Buenos Aires, Córdoba, Formosa,
Goya, Lomas de Zamora, Mar del Plata, Mendoza, Merlo-Moreno,
Morón, Orán, Posadas, Puerto Iguazú, Quilmes, Reconquista,
Resistencia, Salta, San Isidro, San Juan, San Martín, San Miguel y
Tucumán.
El sábado 30, Mons.
Carlos Quintana Puente, de la Conferencia Episcopal de Estados
Unidos, abrió la jornada con un análisis del documento final de
Aparecida, destacando la incorporación del espíritu y la práctica
de la corresponsabilidad en los distintos temas abordados por el
mismo.
A continuación, Ricardo
Garcés y Daniel Saint-Girons, nos contaron el proceso de Reforma
Económica de la Iglesia del Uruguay, y presentaron el
Emprendimiento Santo Tomás, destinado a lograr el
autosostenimiento.
El último tramo de la
mañana estuvo a cargo del Equipo Nacional. Con una breve
presentación expusimos el Plan Compartir a quienes no lo conocían
y, en una reseña de los 10 años de trabajo, contamos a todos cómo
evolucionó la propuesta, y cómo se ha ampliado el campo de trabajo
hasta el presente.
Por la tarde, con el
objetivo de brindar herramientas que ayuden a los procesos que
llevan adelante las distintas Iglesias, el Lic. José Manuel
Fernández trabajó el tema de “los cambios de paradigmas”, como
condición y medio para lograr el autosostenimiento.
A continuación, llegó el
momento central para todos nosotros: la misa en la que celebramos
los 10 años del Plan Compartir.
La Eucaristía fue
presidida por Mons. Joaquín Sucunza, Obispo Auxiliar de Buenos
Aires e integrante del Consejo de Asuntos Económicos del
Episcopado Argentino, y la homilía estuvo a cargo de Mons. Carmelo
Giaquinta, hoy obispo emérito, quien 10 años atrás inspiró e
impulsó el Plan Compartir.
De la celebración
participaron también distintas personalidades que, de un modo u
otro, colaboraron e hicieron posible Compartir a lo largo de su
historia. Y el Coro Cantata Recoleta aportó el calor de sus voces,
contribuyendo a que este momento fuese vivido con mucha emoción y
alegría.
Los festejos continuaron
luego en el salón comedor con una verdadera cena de cumpleaños. Al
calor de la fiesta, el coro nos animó con la melodía de canciones
populares, que se intercalaron con entregas de diplomas y palabras
de agradecimiento.
La infaltable torta de
cumpleaños apareció coronada por una simbólica vela, que fue
soplada en nombre de todos por el Equipo Nacional. El brindis y un
sencillo recordatorio para todos los presentes, fueron el broche
de oro para esa noche tan especial y significativa.
El encuentro no había
concluido aún. El domingo 1 de julio compartimos un trabajo en
grupos para pensar, a partir del tema de los paradigmas, qué
oportunidades se nos presentan en nuestras propias realidades para
impulsar el proceso de cambio que queremos lograr.
Después del plenario,
realizamos la evaluación personal y comunitaria del encuentro,
donde los participantes valoraron mucho el hecho de haber podido
tomar contacto con las realidades y esfuerzos que realizan otras
Iglesias para lograr su autosostenimiento, y de poder enriquecerse
mutuamente con el intercambio de ideas y experiencias.
El Taller y el 7º
Encuentro se cerraron, como no podía ser de otra manera, con la
Eucaristía, en una celebración tan alegre como emotiva.
Todo esto constituye una
apretada síntesis, centrada fundamentalmente en las actividades y
contenidos. Porque ambos encuentros resultaron también muy
enriquecedores por el intercambio mutuo, y por la intensidad de
las relaciones personales vividas a lo largo de los días y en los
distintos momentos de oración, de esparcimiento, y de charlas
informales.
La evaluación de ambos
encuentros resultó sumamente positiva, desde los contenidos hasta
lo meramente organizativo. Y sin duda, lo más destacado por todos,
fue el clima humano que compartimos: clima de fraternidad y
comunión.
Fue una experiencia muy
intensa que nos hizo sentir hermanos, hijos de una misma Iglesia,
que comparten los mismos desvelos e ideales.
Quienes hemos tenido el
privilegio de vivir estos encuentros agradecemos a todos los que
los han hecho posible, y agradecemos al Señor por la posibilidad
de compartir con tantos hermanos estos momentos que, sin duda,
estuvieron llenos de su gracia.
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